Médicos y farmacéuticos por la fitoterapia

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Médicos y farmacéuticos por la fitoterapia

La fitoterapia podría definirse como el tratamiento que utiliza las plantas medicinales para prevenir, aliviar o curar enfermedades.
Las plantas medicinales fueron prácticamente los primeros medicamentos que usó el hombre para tratar sus problemas de salud. Primero de forma empírica y, a veces, por instinto, aprendió a distinguir las plantas tóxicas de las que tenían efectos terapéuticos”, asegura María José Alonso, vocal de Fitoterapia y Homeopatía en el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Barcelona, Co-directora del Máster interuniversitario de Fitoterapia (UAB – UB – COF de Barcelona), y miembro fundador de la Sociedad Española de Fitoterapia.

Las plantas medicinales y sus preparados, bienutilizados, pueden ser muy útiles y de hecho en los últimos años la fitoterapia ha cobrado nuevo protagonismo en el cuidado de la salud, ya sea como alternativa para tratar pequeños trastornos, o como complemento para reforzar tratamien­tos convencionales.

De hecho recientemente el grupo Aboca, empresa de fitoterapia en el ámbito europeo, y Semergen, Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, han firmado un convenio de colaboración para apoyar la fitoterapia en España y trabajar por y para su difusión también en el ám­bito de los médicos generalistas. En este sentido, el conve­nio contempla acciones como formar un grupo de trabajo en Semergen dedicado a la fitoterapia y la creación de un grupo de médicos expertos capaces de formar a la clase médica en todo el territorio nacional. Este acuerdo quiere poner en valor el uso de las plantas medicinales en el au­tocuidado de la salud y fomentará la colaboración entre médicos y farmacéuticos que apoyan la fitoterapia.

Para todos

Tomando las debidas precauciones, todo el mundo se puede tratar con fitoterapia. Pero debe tenerse en cuenta que la automedicación debe hacerse bajo la tutela de un profesional de la salud, tal y como nos avisa María José Alonso: “Para trastornos menores de salud, el farmacéuti­co es clave porque con sus protocolos de actuación, con unas sencillas preguntas, puede saber si el problema que se consulta es realmente un problema menor o debe de­rivarse al médico y, en caso de que pueda tratarse con automedicación, conoce las plantas con mayor garantía de eficacia y puede descartar interacciones, contraindicacio­nes o efectos secundarios”.

Respecto al conocimiento que se tiene de las plantas, hoy en día se realizan cada vez más estudios clínicos que corroboran sus acciones y hacen más seguro su uso e incluso existen monografías que recogen el conocimiento adquirido a través de los tiempos y de todos los estudios realizados, como pueden ser las monografías de la OMS (Or­ganización Mundial de la Salud), la ESCOP (European Scientific Cooperative on Phytotherapy) o la propia EMA (Agencia Euro­pea del Medicamento), por citar algunas publicaciones.

Prevención con plantas medicinales

Existen muchas plantas que en diversas situaciones nos pueden ayudar en la prevención de problemas de salud. Alonso nos pone algunos ejemplo muy prácticos: “las isoflavonas de la soja, además de aliviar las sofocacio­nes propias de la menopausia, pueden ayudar a prevenir trastornos cardiovasculares, o de pérdida de densidad de los huesos, entre otros problemas relacionados con la dis­minución de los estrógenos y que se presentan a medio o largo plazo; la equinácea tomada al primer síntoma de resfriado no solo es una perfecta ayuda al tratamiento sin­tomático habitual para disminuir la intensidad y duración de los síntomas, sino que además puede prevenir las re­caídas; el arándano rojo, además de ayudar al tratamiento con antisépticos urinarios a mejorar más rápidamente una cistitis, ha demostrado que es capaz de prevenir las cis­titis de repetición tomándolo treinta días por trimestre; y las propias infusiones de té verde (una o dos veces al día) tienen acción antioxidante y son beneficiosas para limpiar el organismo de radicales libres que producen cansancio y envejecimiento celular y para evitar que el LDL (colesterol “malo”) se oxide y se deposite en las paredes de las venas y arterias”.

Escrito por dDermis Magazine