Malos tratos contra mujeres mayores

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El pasado 15 de junio se celebró el Día Mundial de la Toma de Conciencia contra el Abuso y Maltrato a la Vejez. Y es que, según el proyecto europeo Daphne ‘Stop Violence against Elderly Women’, que pretende visibilizar la violencia ejercida contra las mujeres mayores de 65 años y crear una mayor sensibilidad social sobre el problema, las mujeres mayores son uno de los grupos sociales más susceptibles de sufrir malos tratos, abusos y violencia.

La población española está envejeciendo rápidamente, especialmente las mujeres. En España hay 8.221.047 personas mayores, el 17,4% sobre el total de la población, de las el 57,3% son mujeres (según el avance de explotación del padrón 2012 del INE). Además, las mujeres mayores, y especialmente las mayores de 80 años con mayor probabilidad de estar en situación de dependencia, tienen ingresos tan bajos que imposibilitan, en muchos casos, acceder a servicios de calidad en la atención residencial o en sus hogares.

En este sentido, y según se desprende de las conclusiones del proyectos Daphne, presentados por la UNAF (Unión de Asociaciones Familiares), el progresivo envejecimiento de la población y su repercusión en situaciones de dependencia funcionales y emocionales hace que las personas mayores se conviertan en uno de los grupos más propensos a sufrir de abuso, maltrato y/o violencia. La discriminación por edad o “edadismo” existente contribuye a la invisibilidad social y política del fenómeno del maltrato a personas mayores. Lo que parece quedar claro según el estudio es que la tasa de maltrato aumenta cuanto mayor es el nivel de dependencia.

Factores de riesgo
Existe una asociación significativa entre la violencia y una menor salud física, enfermedad mental y falta de participación en la vida social. Además, el incremento de la esperanza de vida hace que cada vez sean más los años que pasan las personas mayores en situación de dependencia, con tiempos de cuidado muy dilatados, lo que ocasiona sobrecarga familiar continua, generando estrés, trastornos psicológicos, adicciones y otras situaciones que incrementan la posibilidad de malos tratos y violencia.

La espiral del silencio
Los datos disponibles son sólo la punta de un iceberg mucho más grande de un problema que en la mayoría
de los casos ocultan las propias víctimas. Las mujeres ancianas son un colectivo especialmente vulnerable porque tiene más dificultad para defenderse, solicitar ayuda, desconocen sus derechos e incluso a menudo han sufrido años de maltrato repetido, permaneciendo en silencio y ocultando la violencia de la que eran objeto. Una de las principales barreras a la hora de combatir el maltrato es el silencio, que se debe a la desinformación, a la escasa capacidad de comunicación, las pocas posibilidades de ser creída y la desconfianza en el proceso jurídico. Según el estudio, este silencio”, más el “afecto familiar” y el “estigma social” que supone reconocer malos tratos en la propia familia, son echos clave para explicar la disparidad entre los estudios objetivos realizados en los propios colectivos de personas mayores españolas que apuntan a tasas bajas de violencia.

¿Qué hacer?
Para detectar casos de malos tratos en personas mayores, la prevención es clave. Entre otras cosas, desde la UNAF apuntan:

Es necesario proporcionar apoyo, formación y asistencia a las personas cuidadoras, para evitar que la sobrecarga y el queme puedan incidir en una inadecuada atención o maltrato a las personas mayores asistidas.
Los servicios de atención a las personas mayores deben estar más centrados en la persona que en el funcionamiento de la organización.
La formación y el entrenamiento de profesionales y del personal en la detección, el cuidado y la rehabilitación es fundamental para asegurar la atención y el cuidado de las personas mayores.
Provisión de soporte y apoyo social, ya que como se desprende del análisis, uno de sus principales problemas es el aislamiento y la falta de redes de apoyo formales e informales. En este sentido, las asociaciones pueden constituir una fortaleza o factor de protección y mediación como soporte y apoyo social.

El protagonismo de las asociaciones de mujeres y personas mayores en este ámbito es crucial debido a su doble rol de “representantes”, por estar en contacto con la realidad y por ser “fuerza motriz” de la sociedad.