Escocia, verde de leyendas

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Escocia, verde de leyendasUna de las atracciones de Escocia -un país que en su historia nunca destacó entre los poderosos estados de Europa, estando siempre a la sombra de Inglaterra- es la permanencia obstinada de su pasado, como si sus ciudadanos no quisiesen olvidar todo aquello por lo que los antiguos escoceses lucharon sin cesar: sus derechos y su libertad.
Es por ello que, al igual que en otros lugares de la isla británica, en este país se entrecruzan las tradiciones, patentes por la presencia conmovedora de cientos de castillos y abadías, con la prosperidad de un pueblo que ha sabido poner buena cara a todas las desventuras de su historia. Así permanece, sobre todo, el tiempo de los avatares medievales, cuando reyes y héroes trataban de devolver la tierra a sus legítimos dueños frente a los vecinos invasores, y se insiste en recordar los orígenes de esta nación, unidos indiscutiblemente al folklore vikingo y a la tradición marinera.

El viaje por el suroeste de Escocia se corresponde con el resto de un país caracterizado por el buen humor de sus gentes, la rica bebida y los paisajes de ensueño. Sin embargo, en cada rincón, esta región puede esconder secretos distintos e insospechados. Bajando desde Glasgow hacia la costa occidental, todo signo de civilización moderna y de urbe masificada va desapareciendo para dejar paso a unas poblaciones de pescadores en las que la mayor concentración humana se da en los mercados de los domingos o en las iglesias. La paz planea sobre todo el espacio contagiando la tranquilidad del ganado que pasta en las praderas verdes, vistos desde cada carretera, en las explanadas, a las poblaciones de casas de distintos colores pastel.

“El suroeste escocés, una de las partes menos conocidas por los turistas, revela el carácter de un país donde la tranquilidad, la belleza y la tradición no están reñidas con el progreso.”

 

Recorriendo la región de los Borders

Largs y Millport son las primeras localidades en las que ese ambiente empieza a percibirse. En Largs la carretera cruza ante la costa y deja ver un mar recóndito que se esconde entre las muchas ondulaciones de las siguientes playas. El itinerario por el litoral continúa por pueblos pesqueros como Troon o Androssan. Por todos estos lugares, además de pequeños puertos cargados de olores marinos, se pueden ir encontrando ruinas de antiguos castillos aquí y allá.

En Androssan se coge el ferry que lleva a Arran, una isla con identidad propia en la que los paisajes costeros se mezclan con castillos y restos del Neolítico, y en el que el ambiente pesquero y artesano se combina a la perfección con la visión emprendedora de una de las zonas más ricas en producción de whisky. Muchos han identificado a esta isla como “la pequeña Escocia”, pues se ha querido ver en ella la esencia del país concentrada en miniatura.

Desde Arran, la costa escocesa se divisa enorme y verde, como lo es todo el país. Más adentro, se extiende la región de Ayshire, en la cual la historia representada por castillos y abadías encaja con la presencia constante de bosques (desde allí se entra al gran bosque de Galloway, que ocupa toda la zona interior del suroeste) y prados verdes llenos de ovejas con morros y patas negras, cabras de largo pelaje y vacas con manchas, dignos de cualquier poema bucólico del siglo XII. Dos de los más bellos castillos de esta zona se encuentran en Kilmarnock y Dundonald.

La costa escocesa del suroeste, desde la que en días de buen tiempo se divisa la costa irlandesa, continúa mostrando su belleza en su ruta hacia el punto de Stranraer. En este camino se encuentra el espectacular castillo de Culzean. Éste es uno de los castillos más renombrados de la zona, no sólo por su belleza sino por lo singular de su ubicación, pues se encuentra situado sobre un acantilado y está rodeado por un hermoso parque natural.

La llegada a Stranraer se puede percibir como la vuelta a la civilización. Allí, un gran puerto alberga varios centros comerciales y supermercados y muchas calles están llenas de tiendas, cafeterías y tabernas. Pero desde este pueblo, el viaje a través de la pequeña península de la que es capital es, sin duda, sorprendente.

Escrito por www.elmundoentubolsillo.es  / Fotografías: Alejandra Ribas para dDermis Magazine