Algo más que ginecología, el antiaging llega a la vagina

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Recién llegada de nuestro XXXI congreso Nacional de la SEME (Sociedad Española de Medicina Estética), en el que suelo participar de manera activa presentando comunicaciones, pósters o ponencias, este año he moderado un interesante Simposio dedicado a la Gineoestética, la nueva tendencia en Medicina Estética.

Esta nueva tendencia surge de las propias demandas de las pacientes, ya no nos conformamos con llegar a los 50 con un rostro sin arrugas o marcando cintura o con unas piernas sin celulitis… Queremos que los embarazos, los partos, los tratamientos hormonales no dejen huella en nuestro aparato genital y resolver problemas funcionales antes de que se agraven y tengamos que recurrir a procedimientos quirúrgicos más importantes y peligrosos. Es decir, desandar el paso de los años por nuestras vaginas.

Y no hay que esperar mucho para recurrir a esto, ya que deshacer los estragos del primer parto (que suele acontecer entre los 35-40 años) es una petición frecuente. Hay que tener en cuenta que la distensión del suelo pélvico empieza ya desde el primer trimestre del embarazo.

Otro hecho es la disfunción vulvovaginal, que puede ocurrir por tomar  la última generación de anticonceptivos a dosis muy bajas, menores de las fisiológicas, que causan un hipoestrogenismo crónico y como consecuencia dispareunia (dolor al coito) y vestibulitis (inflamación del introito vaginal).

Y ¿cómo lo hacemos? Inyectando ácido hialurónico que rehidrata piel y mucosa y produce una bioestimulación de piel y mucosas.

Otra de las demandas  es estrechar el tercio inferior de la vagina que se ha dilatado y en consecuencia el goce sexual queda disminuido, ya que es la zona que más placer proporciona. Recuperar la sensibilidad perdida tras una episiotomía es recuperar la vida sexual.

En mujeres mayores la queja suele ser la pérdida de la turgencia y lubricidad de la vagina debido a la pérdida de estrógenos: la sequedad vaginal es la consulta más frecuente en el climaterio y la perimenopausia, representando la atrofia vaginal y la disfunción vulvovaginal un cuarto de las consultas de ginecoestética.

Diversas son las técnicas empleadas, desde la inyección del ácido hialurónico que, gracias a la combinación de hialurónico y manitol, aumenta la durabilidad del tratamiento y consigue una regeneración y estimulación de la matriz extracelular, al estimular la síntesis de colágeno y elastina por parte del fibroblasto. También mejora el pH vaginal (lo acidifica) mejorando la flora autóctona vaginal que tiene un poder defensivo de gérmenes patógenos.

Otro procedimiento que se utiliza para el rejuvenecimiento de los genitales externos son la combinación de despigmentantes aplicados mediantes peelings y la carboxiterapia o inyección de CO2 que aumenta la vascularización y el trofismo de la zona genital externa.

Otra técnica muy empleada es la inyección de plasma rico en plaquetas procedente de la propia paciente, que produce un aumento del trofismo y una rehidratación de la mucosa, mejorando la calidad de vida de la paciente.

En cuanto a la incontinencia urinaria, tiene un papel importante el láser fraccionado CO2. Este tratamiento láser tiene un efecto térmico que estimula la producción de colágeno en las células y tejidos de la vagina. Este colágeno nuevo recupera la función vaginal de forma integral:

  • Reduce el diámetro de la vagina.
  • Reconstituye el pH vaginal.
  • Recupera el tono y la lubricación de la vagina.
  • Devuelve el control de la fuerza en la vagina.
  • Recoloca la uretra para evitar pérdidas de orina.

El tratamiento no requiere hospitalización ni postoperatorio.

Se realiza de forma ambulatoria, en una sesión de entre 5 y 15 minutos de duración. Después del tratamiento, la paciente puede retomar inmediatamente a su actividad habitual. Según el grado de atrofia o laxitud vaginal, la paciente puede necesitar entre 2 y 3 sesiones, dejando que transcurra un mes entre sesión y sesión. Es necesario previamente hacer un estudio urodinámico para ver el grado de incontinencia.

Teniendo en cuenta que la longevidad en nuestro país está aumentando, y que una mujer suele tener su menopausia a los 50, si su esperanza de vida es de 80 años, ¿por qué no disfrutarlos en plenas facultades y gozar de mayor calidad de vida en nuestra madurez? No son exigencias de princesas consumidoras de estética, son necesidades de la mujer madura actual, que está en la cima de su éxito profesional y familiar, que concilia y que vive, que goza, que triunfa…

Artículo escrito por Dra. Inma González para dDermis Magazine

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